
En las primeras etapas de exploración, es común utilizar el valor del mineral bajo tierra (in situ) como una aproximación inicial al valor económico de un proyecto. Esta metodología puede resultar útil como una estimación preliminar del potencial del depósito, especialmente cuando aún no se cuenta con un plan de extracción definido ni con datos técnicos detallados. Sin embargo, esta aproximación presenta limitaciones significativas y no debe confundirse con el valor neto presente (NPV) del proyecto. El valor in situ se calcula simplemente multiplicando la cantidad de metal contenido por el precio de mercado del commodity, sin considerar factores críticos como la recuperación metalúrgica, los costos de capital y operación, el valor temporal del dinero ni los riesgos asociados al desarrollo del proyecto. Además, al tratarse de una cifra bruta, puede inducir a errores si se comunica como un valor económico real, sobre todo ante inversores no especializados. Por lo tanto, aunque puede usarse como una referencia comparativa entre proyectos o para definir un techo teórico de valor, debe ser ajustado mediante factores de corrección que reflejen el riesgo y las incertidumbres propias de la etapa exploratoria. A medida que el proyecto progresa y se dispone de mayor información, es indispensable aplicar metodologías más rigurosas como el análisis de flujo de caja descontado, que permiten una valoración más realista y fundamentada del activo.