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Ayer publicamos la tercera y última entrega de de la revisión de resultados de Q4 para las empresas de nuestro universo de seguimiento, donde cubrimos $ICL, $GLNG, $BAK y $VET.TO. El resto de compañías que han quedado pendientes, las comentaremos en detalle en las propias publicaciones semanales y en el Discord. Hemos aprovechado también para hacer algunos movimientos en la cartera modelo, con la venta de Adriatic Metals a A$4.38/s. En la siguiente tabla se muestran todas las ideas que hemos cerrado desde el inicio (todo anunciado en tiempo real y de forma transparente en nuestro Discord, como ya sabéis los suscriptores, y en el reporte semanal posterior al movimiento) de la cartera modelo (septiembre de 2022).

Resumen macro de la semana
Esta semana ha habido muchos eventos interesantes que analizar en el panorama geopolítico y económico. A continuación, listo las noticias más destacadas. Vamos allá:
Las bolsas europeas están volando en este inicio de año. Alemania se prepara para un cambio radical en su política fiscal y de defensa tras el acuerdo alcanzado entre los conservadores de Friedrich Merz y los socialdemócratas (SPD) para crear un fondo de infraestructuras de 500.000 millones de euros y flexibilizar las reglas de endeudamiento del país. El objetivo es doble: modernizar el ejército alemán en un contexto de creciente inestabilidad internacional y reactivar una economía que lleva dos años en recesión técnica.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su congelación de la ayuda militar a Ucrania han actuado como detonante para acelerar el giro. En Berlín temen que Trump pacte con Rusia una salida al conflicto ucraniano a cambio de desentenderse de Europa, lo que obligaría al bloque comunitario a reforzar su propia capacidad defensiva sin depender de Washington. Bajo este nuevo paradigma, Merz resumió la postura alemana con un whatever it takes (a la Mario) aplicado a la defensa: un mensaje claro sobre la voluntad de Alemania de multiplicar su gasto militar.
El euro reaccionó al alza y los rendimientos de los bonos alemanes experimentaron un repunte histórico ante la perspectiva de este cambio fiscal, que pretende modificar el freno constitucional al endeudamiento impuesto tras la crisis financiera de 2008. La reforma excluiría del cálculo del freno de deuda cualquier gasto en defensa que supere el 1% del PIB, mientras una comisión trabajará en adaptar permanentemente las reglas para facilitar inversión pública.
Desde el ámbito económico, la lectura es clara: Alemania rompe con la ortodoxia fiscal para salir del estancamiento y recuperar protagonismo tanto económico como geopolítico. Por mucho que las intenciones sean positivas (reindustrializar Europa), la demografía, competitividad y dependencia energética hacen que sea un plan inviable a largo plazo, y el continente sigue siendo un short estructural.
En este contexto, el dólar sigue perdiendo terreno, alcanzando mínimos no vistos desde las elecciones estadounidenses de noviembre, lo que contrasta con su comportamiento histórico, donde tradicionalmente ha actuado como refugio en momentos de tensión global, beneficiándose del conocido “smile” del billete verde: sube tanto en entornos de inflación elevada y tipos al alza, como en episodios de fuerte disrupción geopolítica por el papel de EE.UU. como activo refugio.
Sin embargo, esta vez el deterioro de los indicadores económicos estadounidenses y la caída de la actividad están quebrando ese patrón clásico. La narrativa de recesión en EE.UU., unida a la renovada fortaleza fiscal europea y a la expectativa de un desacoplamiento económico, están desplazando el flujo de capitales hacia otras divisas, dejando al dólar sin sus habituales pilares de apoyo en ambos extremos del “smile”.
Donald Trump ha desatado una nueva oleada de guerras comerciales tras imponer aranceles del 25% sobre las importaciones de México y Canadá, además de duplicar los aranceles sobre bienes chinos al 20%. Estas medidas, justificadas bajo el argumento de frenar el flujo de fentanilo hacia EE.UU., impactan de lleno en unos 2,2T$ de comercio anual con sus tres principales socios comerciales y amenazan con agravar la desaceleración económica del país y reavivar la inflación.
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Canadá respondió con aranceles del 25% sobre bienes estadounidenses valorados en 20.700 millones de dólares. A su vez, China implementó nuevos aranceles del 10%-15% y restricciones a empresas estadounidenses, incluyendo sanciones a firmas vinculadas con ventas de armas a Taiwán.
Reuters Los mercados reaccionaron con fuerza: caídas generalizadas en las bolsas, el Nasdaq entrando en territorio de corrección y una huida hacia activos refugio como los bonos del Tesoro. Al mismo tiempo, el peso mexicano y el dólar canadiense se depreciaron, reflejando la tensión creciente en torno al comercio norteamericano. Más allá de las consecuencias financieras inmediatas, la escalada arancelaria tiene un impacto directo sobre los precios al consumidor. Empresas como Target y Best Buy ya advirtieron sobre subidas inminentes en productos básicos (si bien pueden ser un one-off, cualquier disrupción de más largo plazo sobre las cadenas de suministro y comerciales puede provar presiones inflacionarias persistentes), desde aguacates hasta dispositivos electrónicos. Según estimaciones de Nationwide Mutual, las familias estadounidenses podrían enfrentar un sobrecoste anual de hasta 1.000 dólares debido al alza de aranceles, lo que complica aún más la promesa electoral de Trump de reducir el coste de vida. En esencia, la Casa Blanca ha optado por una estrategia de confrontación total que, lejos de contener el problema del fentanilo, podría desembocar en un daño económico autoinfligido de proporciones significativas.
Apenas un día después, la Casa Blanca ha confirmado que Trump concederá una exención temporal de un mes a los fabricantes de automóviles de Canadá y México respecto a los nuevos aranceles del 25%, siempre y cuando sus vehículos cumplan con las estrictas normas de contenido del acuerdo USMCA y, el propio jueves también decidio dar una exención hasta el 2 de abril a todos los bienes cubiertos ya por el acuerdo de comercio entre los tres países norteamericanos.
Esta incertidumbre (ahora sí, ahora no…) impide cualquier decisión de inversión de largo plazo de las empresas, y por tanto no resuelve ni afecta al objetivo de revivir el sector manufacturero de Estados Unidos. El efecto de estos aranceles sería devastador en los tres países, tanto a nivel de PIB como de inflación, así que esperemos que impere la cordura.
El día ha llegado. Estados Unidos ha firmado una orden ejecutiva para crear una Reserva Estratégica de Bitcoin. Sin embargo, los detalles de la misma han diluido un poco el sentimiento. La reserva se constituirá utilizando exclusivamente los BTC ya incautados por el gobierno estadounidense, decepcionando así a quienes esperaban compras activas de nuevos tokens por parte del Tesoro. La medida, más simbólica que práctica, reconoce por primera vez a Bitcoin como un activo de reserva estatal, pero sin destinar fondos públicos para ampliarla ni fijar plazos claros para futuras adquisiciones.
Momento histórico Entre las críticas del sector destaca la falta de impacto real: no habrá compras adicionales, y la llamada reserva no es más que un lavado de cara para BTC que ya estaba bajo custodia tras procedimientos judiciales. De hecho, Trump se limitó a autorizar a los departamentos de Comercio y Tesoro a estudiar fórmulas “sin coste fiscal adicional” para futuras compras, pero sin compromisos concretos.
Bitcoin es escaso y valioso, y es una prioridad estratégica atesorarlo como un activo en una reserva de largo plazo
— David Sacks
Yo no soy tan escéptico, y me parece un paso de gigante hacia la adopción de Bitcoin como activo de reserva de valor y la transformación del sistema monetario tal como lo conocemos.
Después de unas semanas de menos frío, y algunas noticias negativas, como la relajación de los mandatos de relleno de inventarios, los precios del gas han caído con fuerza en Europa y Asia, si bien siguen muy por encima de sus comparables americanos, que han entrado en un nuevo paradigma. Debido a la nueva capacidad de exportación (tanto terrestre a Mexico como, sobre todo, a las terminales LNG), el mercado interno de Estados Unidos pasará de superávit estructural a déficit, poniendo un suelo y nuevo rango a los precios del Henry Hub.
Muchas veces es difícil poner en contexto estos valores, para lo que os he preparado esta tabla, que compara el precio del carbón, el gas natural y el petróleo en distintos escenarios, y podemos ver cómo la molécula energética en Estados Unidos es la más barata del mundo con mucha diferencia.
Por la parte de los líquidos, la historia es distinta. El petróleo lleva 8 semanas seguidas cayendo, sin que sus fundamentales reflejen esta debilidad (sí así el posicionamiento financiero). La narrativa de que OPEP está claudicando con la reintroducción de 135.000 barriles (acordada a partir de abril) diarios es exagerada; el mercado puede absorber cómodamente ese volumen tras los mantenimientos programados y reduce la amenaza de capacidad ociosa a largo plazo. Es cierto que la relación entre precios e inventarios no es lineal y que el contexto de reservas cuando se es exportador neto de energía ha cambiado, pero podemos ver en el siguiente gráfico cómo los precios actuales del WTI se encuentran casi dos desviaciones estándar (una anomalía estadística muy significativa) por debajo de su relación histórica vs variaciones de inventarios.
El relato dominante en el mercado del petróleo sigue una lógica sencilla: el aumento de producción de la OPEP+, los aranceles de Trump y los datos económicos débiles de EE. UU. conducirán a menor crecimiento y, por tanto, a precios del crudo más bajos. Sin embargo, la visión bajista ignora varios matices relevantes:
La oferta fuera de la OPEP+ está empezando a dar señales de agotamiento.
China acaba de anunciar un nuevo paquete de estímulos fiscales que podría reactivar el consumo energético en las economías no OCDE.
Los inventarios globales de petróleo, que deberían estar acumulándose en este primer trimestre si realmente sobrara crudo, no están aumentando de forma significativa.
La tesis alcista del petróleo, para mí, sigue intacta.