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NVIDIA frente al microscopio de Michael Burry: ¿alerta legítima o narrativa bajista en busca de incendios?

Michael Burry cuestiona NVIDIA: cuentas por cobrar elevadas, opacidad contable y métricas distorsionadas. ¿Señales de riesgo real o exageración bajista en pleno boom de inteligencia artificial?

Michael Burry vuelve a generar temblores en el mercado. Después de predecir la crisis de las hipotecas subprime, cada palabra suya se convierte en noticia. Esta vez, el objetivo de su análisis es NVIDIA, la gigante tecnológica que lidera la revolución de la inteligencia artificial. Pero, ¿sus alertas tienen fundamento sólido o son parte de una narrativa bajista exagerada?

La sombra de Burry sobre el gigante de la IA

Durante dos décadas, Michael Burry ha demostrado capacidad para detectar excesos contables y burbujas antes de que exploten. Su método siempre ha sido el mismo: encontrar patrones que el mercado ignora por complacencia. Crecimiento explosivo, balances cada vez más tensos y una euforia generalizada que silencia cualquier señal de alarma.

En este caso, no lanza acusaciones directas ni predice un colapso inminente. Su mensaje es más sutil: hay señales en NVIDIA que merecen atención antes de que el ciclo alcista llegue a su fin. El problema es que la empresa se ha convertido en la más influyente del ecosistema tecnológico, y cualquier cuestionamiento divide opiniones de forma radical.

Dos visiones irreconciliables

El debate se polariza entre quienes detectan irregularidades contables y quienes defienden que NVIDIA opera en un contexto sin precedentes. Los bajistas señalan cuentas por cobrar desproporcionadas, posibles ingresos adelantados y relaciones complejas con los gigantes del cloud. Los alcistas argumentan que las métricas tradicionales no aplican a una empresa que multiplica ventas a velocidad histórica.

Para unos, son señales de alerta que requieren investigación. Para otros, ruido inevitable en un negocio que crece como nunca antes se había visto en el sector tecnológico.

Cuentas por cobrar: ¿crecimiento sano o distorsión contable?

El primer punto crítico que inquieta a los analistas bajistas es la evolución de las cuentas por cobrar. La cifra alcanzó 33.400 millones de dólares, con un DSO (Days Sales Outstanding) de 53 días. En el trimestre anterior, ese mismo indicador era de 46 días.

Siete días adicionales pueden parecer poco relevantes, pero cuando se mueven 15.000 millones de dólares trimestrales, esos días representan más de 10.000 millones en ingresos pendientes de cobro. En empresas más pequeñas, este salto se consideraría una anomalía grave.

La particularidad contable de NVIDIA

Lo que complica el análisis es la política específica que la empresa revela en sus documentos oficiales: cobra antes de facturar. Según sus propias palabras, “el DSO refleja pagos de clientes recibidos antes de las fechas de vencimiento de facturas del siguiente trimestre”.

Este método no es fraudulento, pero sí poco habitual. Mezcla flujos reales con anticipos y genera un DSO que pierde capacidad informativa. No refleja la realidad económica de los contratos ni permite comparaciones directas con otras compañías. Es opacidad técnica, no manipulación.

Reconocimiento de ingresos: ¿timing perfecto o adelanto prematuro?

El segundo frente de preocupación es el momento exacto en que NVIDIA registra sus ventas. Cuando una empresa crece de forma parabólica y firma contratos multimillonarios con clientes que gestionan inversiones trimestralizadas, la sincronización perfecta es casi imposible.

Algunos analistas sugieren que parte de los ingresos registrados podrían corresponder a entregas futuras que aún no se han completado o validado formalmente. No se trata de una acusación de fraude, sino de la dificultad de mantener precisión contable cuando las ventas se multiplican por diez en apenas dos años.

La velocidad puede generar desajustes temporales que, sin ser ilegales, distorsionan la imagen real del negocio en un momento concreto del tiempo.

El fantasma de los ingresos circulares

La teoría más polémica que circula entre los bajistas es la de los flujos circulares de capital. NVIDIA anunció que sus compromisos cloud pasaron de 12.600 millones a 26.000 millones en un solo trimestre. Un salto brutal que alimenta sospechas.

¿Un nuevo Enron?

El mecanismo que plantean los escépticos es inquietante: NVIDIA invierte en startups, infraestructuras o créditos cloud. Los hyperscalers (Microsoft, Google, AWS, Meta) utilizan esos fondos para comprar GPUs. NVIDIA registra la venta. Los ingresos crecen. Y una parte de ese flujo vuelve a NVIDIA de forma indirecta.

Este esquema recuerda al caso Enron, donde las entidades de propósito especial financiadas por la propia empresa inflaban artificialmente los ingresos. Pero hay una diferencia crucial: para que esto sea material, NVIDIA debería financiar una parte significativa del capex de los gigantes del cloud.

Y eso no ocurre. Los hyperscalers invierten más de 200.000 millones anuales en infraestructura. Los compromisos asociados a NVIDIA representan menos del 5% de ese total. No hay proporción suficiente para sostener la hipótesis de un círculo vicioso relevante.

La línea difusa entre participar y financiar

Dicho esto, la preocupación subyacente no es completamente infundada. NVIDIA está cada vez más integrada en los ecosistemas que ella misma abastece. Invierte en inteligencia artificial, financia herramientas, co-desarrolla software, impulsa startups y crea plataformas sobre las que luego vende hardware.

La frontera entre participar activamente y financiar para inflar ventas puede volverse difusa. No es fraude, pero sí un terreno que exige mayor transparencia y vigilancia regulatoria.

Opacidad geográfica y el precedente de 2022

Otro elemento que inquieta al mercado es la falta de detalle geográfico en los ingresos. NVIDIA dejó de desglosar ventas por país precisamente cuando el peso de China, India y Oriente Medio podría modificar la percepción de riesgo.

La empresa ya tuvo problemas en este ámbito. En 2022, la SEC la multó por no revelar adecuadamente cuánto de su negocio estaba relacionado con el crypto mining. No fue un caso de fraude, pero sí un recordatorio de que la compañía ha sido opaca en el pasado cuando le convenía ocultar información sensible.

La trampa silenciosa del SBC

El Stock-Based Compensation (SBC) es otro punto crítico que merece análisis. Desde 2018, NVIDIA ha gastado 113.000 millones de dólares en recompras de acciones. Durante ese mismo periodo, el SBC acumulado supera los 20.500 millones. A pesar de todo ese esfuerzo, las acciones en circulación han aumentado en 47 millones.

Recompras que no crean valor

Esto significa que todo ese capital destinado a recompras ha servido únicamente para neutralizar la dilución provocada por la compensación en acciones. No ha creado valor real por acción. Algunos analistas estiman que el coste efectivo del SBC, ajustando su impacto sobre valoración y recompras, podría superar los 112.000 millones de dólares.

Se genera una espiral peligrosa: sube la acción, sube el SBC, sube la dilución, aumenta la presión por recompras, crece el peso en índices y se incrementa la demanda pasiva. Este mecanismo amplifica tanto el valor como el riesgo si el ciclo se invierte.

Vida útil de activos: ¿ajuste técnico o maquillaje contable?

El último elemento de preocupación es la vida útil de los activos, especialmente las GPUs en centros de datos. No es un problema exclusivo de NVIDIA. Empresas como Meta han extendido la vida útil de sus servidores tres veces desde 2022, mejorando artificialmente sus beneficios en casi 3.000 millones de dólares solo por ajuste contable.

NVIDIA, sin embargo, tiene una particularidad: su software CUDA prolonga efectivamente la utilidad del hardware antiguo. Lo que para otras compañías es puro maquillaje contable, en este caso tiene argumentos técnicos reales. No hay señales claras de manipulación en este punto.

El otro lado del relato: demanda real y crecimiento exponencial

Frente a todas estas preocupaciones, existe una realidad innegable: la demanda de cómputo sigue acelerándose. OpenAI tiene ya un run rate de 10.000 millones de dólares, y el mercado de grandes modelos de lenguaje podría pasar de 6.000 millones actuales a 260.000 millones en 2030.

Si esta proyección se cumple, la inversión masiva de los hyperscalers es lógica, no un artificio. NVIDIA adelanta compras, invierte en startups, acelera compromisos cloud y firma acuerdos estratégicos porque quiere asegurar suministro, ganar ecosistema y dominar estándares tecnológicos.

Estrategia industrial, no manipulación

Estas decisiones pueden parecer movimientos contables desde fuera, pero en realidad forman parte de una batalla industrial entre gigantes. La empresa está posicionándose para dominar el mercado de la inteligencia artificial durante la próxima década.

El problema es que cuando una empresa crece de forma parabólica, el mercado deja de mirar los detalles. Se vuelve complaciente. Justifica todo. Asume que cualquier anomalía es ruido temporal.

Añade aquí tu texto de Entonces, ¿hay problema real o es Burry exagerando?

La verdad está en un punto intermedio. Existen señales de riesgo: el incremento rápido de cuentas por cobrar, la opacidad histórica en ciertos aspectos, el tamaño creciente del SBC y la posibilidad de que la demanda se normalice en algún momento.

Pero también es cierto que no hay evidencia de fraude, ni de flujos circulares materialmente relevantes, ni de ingresos incobrables visibles en los documentos oficiales. Muchas de las preocupaciones bajistas son, en el fondo, más narrativas macro que revelaciones contables concretas.

El argumento estructural que sí encaja

Lo que sí encaja con la visión de Burry es un argumento estructural: cuando una empresa crece de manera parabólica, el mercado pierde capacidad crítica. Es precisamente en los picos de crecimiento cuando las métricas dejan de ser fiables, no por fraude, sino por velocidad pura.

Si la inteligencia artificial se normaliza, si el ciclo se calma o si los hyperscalers frenan la inversión, las dudas contables volverán al centro del debate. Y cuando eso ocurra, lo que hoy es un tema técnico menor será la narrativa dominante del mercado.

NVIDIA: entre el dominio absoluto y el equilibrio frágil

Al final, NVIDIA está en una posición única en la historia empresarial reciente. Es la máquina de beneficios más grande del sector tecnológico, pero también una empresa que vive en un equilibrio delicado entre hipercrecimiento, concentración extrema de clientes y presión competitiva futura.

Los riesgos contables existen. El fraude no está demostrado. Y la línea entre exageración bajista y advertencia sensata es tan delgada como el margen que separa una narrativa alcista de un cuestionamiento estructural serio.

Ahí está la esencia del debate. Y ahí está, también, la razón por la que conviene escuchar —aunque sea con escepticismo— lo que figuras como Burry ponen sobre la mesa. Porque si el crecimiento se frena, los números que hoy parecen ruido podrían convertirse en señales inequívocas.

Y entonces se sabrá si Burry estaba alertando o simplemente exagerando.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Michael Burry está cuestionando a NVIDIA?

Burry ha detectado señales que considera preocupantes: cuentas por cobrar elevadas, un DSO creciente, posibles ingresos adelantados y opacidad en ciertos aspectos contables. No acusa fraude directamente, pero alerta sobre patrones que históricamente han precedido correcciones importantes en empresas de alto crecimiento.

No. No hay evidencia sólida de fraude. Las preocupaciones se centran en métodos contables poco habituales, opacidad selectiva y métricas que pueden estar distorsionadas por la velocidad del crecimiento. La mayoría de los analistas coinciden en que no hay irregularidades ilegales, aunque sí áreas que merecen mayor transparencia.

Los ingresos circulares implican que una empresa financia indirectamente a sus propios clientes, inflando artificialmente sus ventas. En el caso de NVIDIA, los compromisos cloud y las inversiones en startups generan dudas, pero representan menos del 5% del capex total de los hyperscalers. No hay proporción suficiente para considerar que el efecto sea material.

Depende de la evolución de la demanda de inteligencia artificial. Si el mercado de grandes modelos de lenguaje crece según las proyecciones (de 6.000 a 260.000 millones en 2030), el crecimiento es sostenible. Si la demanda se normaliza o los hyperscalers frenan inversiones, las métricas actuales podrían dejar de ser defendibles y generar correcciones significativas.

Las alertas de Burry no deben ignorarse, pero tampoco tomarse como sentencias definitivas. Su historial demuestra capacidad para detectar excesos, pero también ha fallado en otras predicciones. Lo sensato es analizar los puntos que plantea, evaluar la exposición personal al riesgo y no basar decisiones únicamente en la opinión de una figura mediática, por muy acertada que haya sido en el pasado.

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