Por qué Golar LNG no es una empresa cualquiera
Cuando alguien analiza Golar LNG con la misma lógica que usaría para valorar una empresa industrial convencional, está cometiendo un error de concepto. Mirar los números del trimestre, proyectar ingresos linealmente y esperar resultados predecibles no funciona aquí. Golar no encaja en ese molde porque no es una historia de crecimiento estable ni de beneficios trimestrales. Es infraestructura energética pura, intensiva en capital, con contratos que se extienden décadas y con un perfil de creación de valor completamente asimétrico en el tiempo.
En los últimos años, Golar ha transformado radicalmente su modelo de negocio. Ya no es esa compañía diversificada que operaba transportadores de gas licuado, activos de midstream y participaciones en múltiples plataformas. Hoy es mucho más simple, pero también mucho más enfocada: una apuesta directa por FLNG, plataformas flotantes capaces de licuar gas natural en el punto de producción, sin necesidad de infraestructura terrestre.
Esta simplificación estratégica no es un detalle menor. Vender negocios secundarios, liquidar participaciones y concentrarse en un solo segmento ha eliminado ruido operativo y ha dejado al descubierto una tesis de inversión mucho más clara: capturar rentas de infraestructura en un mercado con barreras de entrada altísimas.
Qué es realmente una FLNG y por qué importa
Para entender por qué Golar tiene sentido como inversión, primero hay que entender qué problema resuelve una FLNG. El gas natural, para transportarse eficientemente a largas distancias, necesita licuarse. Al hacerlo, su volumen se reduce drásticamente, lo que permite mover cantidades masivas de energía en barcos especializados. Tradicionalmente, este proceso se realizaba en plantas terrestres de licuefacción: estructuras carísimas, lentas de construir y muy expuestas a riesgos políticos y regulatorios.
Las FLNG cambian completamente esa ecuación. Permiten licuar el gas directamente en el mar, cerca del yacimiento, con mayor flexibilidad operativa y sin depender de infraestructuras en tierra. Esto abre oportunidades en yacimientos offshore o en países que quieren monetizar gas sin invertir miles de millones en plantas terrestres.
Golar se ha especializado precisamente en este nicho. Opera activos como el Hilli en Senegal y el Gimi en el proyecto GTA frente a la costa de África Occidental, ambos bajo contratos de muy largo plazo. Además, tiene nuevas unidades en construcción y contratos firmados para operar en Argentina a partir de 2028.
Y aquí aparece el primer punto crítico de la tesis: el valor no está en el presente. Está concentrado en el futuro.
La travesía por el desierto: 2024-2028
Entre ahora y 2028, Golar atraviesa lo que podríamos llamar una travesía por el desierto. El flujo de caja libre será limitado, en algunos ejercicios prácticamente inexistente, e incluso puede haber consumo neto de caja. Desde una perspectiva cortoplacista, esto convierte a la compañía en poco atractiva. Quien mire únicamente los estados financieros de los próximos dos o tres años concluirá que el negocio no justifica su cotización actual.
Y sin embargo, esa lectura ignora por completo la estructura real del valor.
A partir de 2028, cuando los nuevos contratos entren plenamente en funcionamiento, la foto cambia de forma radical. Golar pasará a generar flujos de caja muy elevados, recurrentes y protegidos por contratos de 20 años, con contrapartes sólidas y con una visibilidad extraordinaria. Este tipo de flujos no se parecen en nada a los de una empresa cíclica o expuesta al mercado spot. Se parecen mucho más a los de una concesión de infraestructura regulada.
El error más común al valorar Golar
Aquí es donde la mayoría de inversores se equivoca. Un error habitual consiste en descontar directamente esos flujos futuros a una tasa de infraestructura (8%, 9%, 10%) y comparar el valor resultante con la capitalización bursátil actual. Ese ejercicio es conceptualmente incorrecto.
La pregunta relevante no es cuánto valen esos flujos en 2028, sino qué tasa de descuento exige el inversor hoy para asumir el riesgo de llegar hasta 2028.
Valoración en dos etapas: la clave que casi nadie entiende
Hasta que los activos estén plenamente operativos, existen riesgos reales: retrasos en construcción, sobrecostes, problemas técnicos, eventos políticos, cambios regulatorios o, simplemente, aplazamientos en la puesta en marcha. Por eso, el flujo de caja futuro debe descontarse en dos etapas distintas.
Primero, se valora el activo como infraestructura una vez esté funcionando. Después, ese valor se trae al presente aplicando una tasa de descuento mucho más exigente, propia de un proyecto en desarrollo, no de un activo maduro y operativo.
Cuando se hace este ejercicio con rigor, la conclusión es clara: Golar está aproximadamente a precio por lo que ya tiene contratado. No está especialmente barata, pero tampoco cara. El mercado, en términos generales, descuenta razonablemente los flujos futuros de los activos existentes, asumiendo una tasa de retorno en torno al 15% anualizado para el accionista paciente.
La opcionalidad que el mercado no valora
Pero la historia no termina ahí. El verdadero atractivo de Golar no está solo en lo que ya está firmado, sino en la opcionalidad positiva que el mercado tiende a infravalorar sistemáticamente.
Cada nueva FLNG que Golar logre contratar añade una cantidad significativa de valor neto presente por acción. Dependiendo de los supuestos, cada contrato adicional puede aportar varios dólares por acción en valor esperado, incluso después de ajustar por probabilidades de ejecución.
Esta opcionalidad no es una fantasía, pero tampoco una certeza. No hay garantía de que se firmen nuevos contratos, y sería un error asumir que el crecimiento está asegurado. Sin embargo, tampoco es razonable asignar una probabilidad cercana a cero. El mercado global del gas natural licuado sigue creciendo, la necesidad de soluciones flexibles aumenta y las FLNG son una herramienta especialmente atractiva para yacimientos offshore o países que quieren monetizar gas sin construir plantas terrestres billonarias.
El tiempo como aliado del inversor
Aquí aparece otro concepto clave que muchos inversores pasan por alto: el tiempo juega a favor del accionista. En compañías como Golar, cada trimestre que pasa sin que ocurra nada negativo relevante reduce el riesgo residual del proyecto.
A igualdad de precio, la acción es más atractiva cuanto más cerca está la fecha de inicio de los contratos. Por eso no es descabellado afirmar que Golar podría ser una mejor inversión a 44 dólares dentro de dos años que a 38 hoy, si el precio no refleja adecuadamente la reducción del riesgo temporal.
Este fenómeno es profundamente contraintuitivo para el inversor medio, acostumbrado a buscar “comprar barato” en términos nominales. En realidad, lo relevante no es el precio absoluto, sino la relación entre precio, riesgo y tiempo. Cuando el mercado castiga a una empresa durante una fase de baja generación de caja, ignorando flujos futuros altamente visibles, se crean oportunidades muy específicas para inversores con horizonte largo.
Los riesgos que no puedes ignorar
Esto no significa que el riesgo sea inexistente. Existen escenarios adversos que, aunque poco probables, no pueden descartarse por completo.
Problemas técnicos graves, retrasos prolongados, cambios regulatorios extremos o eventos geopolíticos pueden alterar la tesis. Además, la acción de Golar tiende a mostrar correlación con el precio del gas o del petróleo, aunque desde un punto de vista fundamental esa correlación no debería ser tan fuerte. El mercado, como suele ocurrir, simplifica narrativas y mezcla conceptos que no tienen por qué ir juntos.
También hay que tener en cuenta que la propia compañía ha hecho un esfuerzo significativo en comunicar mejor la tesis, atraer cobertura de grandes bancos de inversión y participar en eventos con analistas institucionales. Eso reduce la probabilidad de grandes errores de valoración por desconocimiento, aunque no elimina el comportamiento errático a corto plazo.
Para quién es esta inversión
Golar no es una acción para quien busca resultados inmediatos ni para quien se incomoda con periodos prolongados de aparente estancamiento. Es una inversión que exige paciencia, comprensión del valor temporal del dinero y aceptación de que el mercado puede no “reconocer” la tesis durante años.
A cambio, ofrece algo cada vez más escaso: flujos de caja de infraestructura, a muy largo plazo, en un sector con barreras de entrada enormes y con una opcionalidad razonable al alza.
Para el inversor que entiende esta lógica, Golar no es una historia de timing perfecto, sino de estructura. No se trata de acertar el próximo trimestre, sino de estar correctamente posicionado cuando el valor deje de ser una promesa y pase a convertirse en caja real.
Preguntas frecuentes sobre MicroStrategy y Bitcoin
¿Por qué Golar genera tan poco flujo de caja hasta 2028?
Porque está en fase de construcción y desarrollo de nuevos activos. Las FLNG son proyectos intensivos en capital que requieren enormes inversiones iniciales antes de empezar a generar ingresos. Una vez operativas, los flujos son masivos y recurrentes, pero hasta entonces el negocio consume o genera poco efectivo.
¿Qué diferencia hay entre una FLNG y una planta terrestre de licuefacción?
La FLNG es una plataforma flotante que licua gas directamente en el mar, cerca del yacimiento. La planta terrestre requiere infraestructura en tierra, miles de millones de inversión fija y está mucho más expuesta a riesgos políticos y regulatorios. La FLNG ofrece flexibilidad, menor coste de desarrollo y menor dependencia de permisos locales.
¿Es Golar una inversión barata ahora?
No necesariamente. Está aproximadamente a precio por los contratos ya firmados, asumiendo una tasa de retorno del 15% anual para el inversor paciente. El atractivo real está en la opcionalidad de nuevos contratos futuros, que el mercado tiende a infravalorar. No es una ganga obvia, pero tampoco está cara si entiendes la estructura temporal del valor.
¿Cuál es el mayor riesgo de invertir en Golar?
El riesgo principal es que los proyectos en construcción sufran retrasos significativos, sobrecostes o problemas técnicos que retrasen o impidan la puesta en marcha de los activos. También hay riesgo geopolítico en algunas ubicaciones y riesgo de que no se firmen nuevos contratos, limitando el crecimiento futuro.
¿Por qué el tiempo juega a favor del accionista en Golar?
Porque cada trimestre que pasa sin eventos negativos reduce el riesgo de ejecución del proyecto. A medida que nos acercamos a 2028, la incertidumbre disminuye y los flujos futuros se vuelven más ciertos. Por eso la acción puede ser más atractiva a precio similar dentro de dos años que hoy, si el mercado no descuenta adecuadamente esa reducción de riesgo.


